Nevado de Toluca: Un camino frio hacia el volcan

Noviembre 8, 2014

Toluca, Mexico

“¡Sabía que había forma de conducir la motocicleta hasta la cima del volcán!” Me dije a mi mismo con un tono decepcionante mientras veía a otros motociclistas llegar hasta las lagunas del nevado de Toluca en el estado de Mexico. Yo tuve que estacionar mi motocicleta y caminar en botas cerca de un par de kilómetros a más de 4,000 metros sobre el nivel del mar para llegar a dichas lagunas y recordar la pésima condición física que tenía en aquel momento.

Alejando Lara, de Motoruta Mexico, sacó a sus dos hijas de su cuarto y me ofreció un lugar donde dormir durante dos noches, en un colchón de niña con sabanas de color rosa y diseño de princesas de Disney. Me mostró alrededor de la ciudad de Toluca, la cual cada mañana tiene un característico aroma a café gracias a la compañía de Nestlé situada cerca del centro de la ciudad. Alejandro, y algunos de sus amigos, me llevaron en un paseo en motocicleta a la cima del Nevado de Toluca, un volcán en un parque nacional cercano a la ciudad.

Toluca es un lugar frio, al menos para mí que crecí en el área de San Diego – Tijuana, y en particular a las cinco de la mañana cuando tuvimos que despertar para conducir al volcán. Me vestí en capas, primero una base, después una sudadera y finalmente mi chamarra. No tenía ningún tipo de frío en mi torso. Sin embargo, mis manos comenzaron a doler del frío después de 30 minutos de conducir.

La mayor parte del camino hacia el parque nacional estaba pavimentado. Unos 10 kilómetros antes de la cima, llegamos a un área grande y despejada, rodeada por altos árboles. Este lugar, desde el cual se logra ver el pico más alto del volcán, tenía varios establecimientos de comida. Mientras el grupo entraba a uno de los establecimientos y pedía café, yo me quedé afuera, hablando con una señora de la tercera edad quien calentaba tortillas en una vieja estufa. Dijo que había trabajado ahí durante los últimos 40 años. En nuestra conversación, dijo que con el paso del tiempo había notado que los años en que no cae nieve en el volcán son cíclicos, a veces cae nieve, y otras veces no. Esto me hizo pensar en cómo esa frase también puede aplicar a otros aspectos de la vida por igual. Con el paso de los años, uno comienza a distinguir las orbitas sobre las cuales la vida gira. Esta mujer había vivido ahí lo suficiente como para saber si ese año nevaría sobre el volcán o no. Había vivido ahí por tanto tiempo que ya nada parecía asombrarle tampoco. Todos los dias cocinaba tortillas, en la misma estufa de leña, para el mismo tipo de personas, que comúnmente eran viajeros, y los años no le habían dejado espacio para el asombro.

Entré al establecimiento donde todos en mi grupo ya bebían café. No soy mucho de tomar café, de hecho me disgusta el café, pero pensé que le daría una oportunidad. “¡Wow! ¡Que es esto!” Exclamé después del primero sorbo. Paradójicamente, el café estaba delicioso. Algo que desconocía era que aquel café lo endulzaron con piloncillo, lo cual le añadió un exquisito sabor. Para acompañar el buen café, comimos las mejores quesadillas de chorizo que jamás había probado, y después procedimos a conducir los últimos 10 kilómetros hacia a la cima del volcán por medio de un camino de tierra.

Cerca de la cima, uno debe estacionar su vehículo y continuar a pie. No me agradaba esa parte, no me agradaba en lo absoluto. No es que sea una persona floja… de hecho, la soy, pero mi punto en esta ocasión es que en el trayecto había visto varios caminos secundarios y pensé que sería más aventurado llegar en motocicleta hasta las lagunas. No todos en nuestro grupo tenían motocicletas para entrar a caminos rigurosos de tierra, y por ello nos vimos obligados a caminar cerca de dos kilómetros hasta llegar a una de las lagunas en el cráter del nevado. Es un camino recto. De hecho, uno puede ver una de las lagunas al final del largo camino de tierra; Alejandro decidió que le agradaba la vista desde lejos y no siguió el camino hasta el final.

Cuando viajo, me gusta aprovechar cada experiencia al máximo, aun si esto significa salir de mi zona de confort, porque nunca sé cuándo regresaré a cierto lugar, o si tendré la oportunidad de hacer x, y, o z. Aquel día, cuando llegué a una de las lagunas del volcán, pensé “Estoy en un increíble viaje, caminé a este volcán y a esta laguna. Ahora tengo que meterme a nadar, a pesar de la fría temperatura y la aún más fría agua.” Me acerqué a la orilla y toqué el agua con la mano para sentir que tan fría era. Ese fue mi error. Tan pronto como hice eso, supe que no estaba a punto de meterme a nadar en agua tan fría como aquella. Hacía frío afuera del agua, seguramente me daría hipotermia si nadara en la laguna. No debí tocar el agua antes de entrar a nadar; simplemente debí quitarme la ropa y entrar rápido sin darme tiempo para titubear ni reconsiderar. Lo debí hacer, pude hacerlo, pero no fue así.  

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